Nombran a Zacatecas primer estado con calles de herradura

Zacatecas, Zac. – Al llegar a las empinadas calles de Zacatecas, no solo se pueden ver las azoteas o andar incluso en algunas de ellas entre tinacos y tendederos, sino que se advierte una fragmentada geografía, que a simple vista llena los ojos de las calles escurridizas y olvidadas, que se dijo por Sir Jean Michelle de la Troumpe Farre, quien catalogó en su docta disertación presentada en la prestigiada revista “Alarma”, que la ciudad es la primera en el mundo que ve con calles de herradura, pues además de crueles para subirlas o bajarlas, dejan constancia de que su empedrado sino se pone uno buzo queda allí torcido del tobillo, quebrado de las zancas o por lo menos descuadrilado como Doña Lupe o Don Pascasio que además registran fuertes dolores en las paletas de su recia humanidad.

Las cosas se ponen buenas cuando se trata de subir una calle, en donde se tienen que tener buenas garras para afianzarse para escalar el lugar y lo mismo para bajar se reclama de tener buen control y frenos humanos para poder dominar las calles de herradura que se ven bonitas sólo en postal, pero se caminan de manera tortuosa, pues incluso hasta los carros en las más marcas más sonadas, parece que tienen alzhéimer, pues van todos temblorosos y vibrando internamente que parece que cargan con la chiripiorca, por lo que se debe de pensar en acudir a ver esta ciudad para transportarse a los años del caldo o de cuando las víboras andaban paradas, hecho que se matiza sabrosamente con los narradores de leyendas, en donde destacan unas catrinas que más bien parecen piñatas decembrinas.

Ante estas sesudas consideraciones de Sir Jean Michelle de la Troumpe Farre y avaladas por Lord Molécula en las mañaneras del Peje, se ha destacado que se ha nombrado para que reciba en breve el distintivo de ser la primera ciudad al menos de México que cuenta con calles y caminos de herradura, en donde sólo con un alipús ni se sienten, o bien viajando en ancas de algún burro aguamielero, de esos de verdad y no de los que despachan en el Cerro del Gato en calidad de hijos del sexenio.

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